Mahé Island.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , | Posted on 11:58




Amanecía cuando llegué

para ver una corona blanca, casi roja,

en las alturas, para oler cadáveres

de acera con aliento de tiburón.

El cielo gesticula con un batir de alas

queriendo gritar: ¡Alejaos!

Miran las macetas de cara amarga

al superviviente moribundo

de una noche que fue un susurro de colillas.

La compasión enmohece a los demás,

la melancolía es la noche.

¿Qué lugar es aquí donde las nubes

Son espuma de mar extraviada en otro mundo?

Aún sigue su baile despechado

un eco infinito de sonrisas.

Sólo los caracoles saben

dar los buenos días y el mar entonces

está al alcance de la lengua.

Bocabajo mueren los murciélagos.

Temblando de calor, Tiritando

de tristeza los borrachos o los marineros

se despiden para siempre.

La luz pide la palabra

que los corazones le negaron, pero

una canción permanece despierta

asida con sutileza por unos dientes manchados:

“Será mejor que te asesines

Si te encuentras y buscas un culpable”

Y yo respondo: en la mañana. En la mañana

ni entran a puerto

ni se hacen a la mar

los barcos que reposan su vientre

en la bahía. El alma de las piedras

podría ser un título de canción pues:

“Será mejor que no sepas nada

Para estar en paz con el sueño”.

Amanecía cuando llegué

y ya nada volverá a ser igual.

Millones de niños abandonados

salen hoy a la calle en una búsqueda

interminable, imposible, dolorosa.

Llevo ahora los pies mojados como de angustia.

Tampoco quieren marcharse

los mercantes atracados

en el puerto de la esperanza.

No hay cura posible para los relojes,

para las cadenas,

para los verbos, para el mar.

Mientras los acantilados entonan

su balada última al náufrago

los horizontes abren sus puertas.

Una lluvia de estachas

acribilla oblicua los caminos.

Si nos bastan los besos escupe mi lengua,

si los exclamativos pezones,

si la violencia en las montañas

y el caramelo bajo el pubis

no te sacian, no te son infinitos,

¿Qué otras oraciones puedes inventar?

Aquí la lluvia sólo moja los tobillos

con la más auténtica de las angustias.

Alguien trajo un poema,

murió de pobre.

Él mismo volvió después

armado ahora con un libro de versos,

pero estos, también de pobres, murieron.

Media vuelta y avante

si un serviola descarado grita:

¡Tierra! ¡Tierra a la vista!

Pequeño homenaje al movimiento 15-M.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , , | Posted on 10:45






Que no es indignación, sino tristeza

de la que nos devora las entrañas

lo que impulsa la voz de la maleza

corrupta, gobernantes y alimañas.

Que no es indignación por las patrañas

de bocas repintadas de vileza.

Que no es indignación, que son legañas

de llorar sinfuturos con vergüenza.

Que no es… ¡Vientos agitan desventuras

que apuntalan motivos a los sueños,

y vientos que prometen renacer!

¡Derecho a trabajar sin herraduras,

derecho a la vivienda y a ser dueños

con dignidad de nuestro amanecer!

Recital flamenco de Miguel Poveda.

Posted by Eduardo Flores | Posted in | Posted on 15:09

Sin hacerse notar -la oscuridad necesaria silencia de esperas el coso- cuatro pares de manos privilegiadas, la percusión de carne y hueso junto con dos rabiosas guitarras, hacen su aparición sobre el escenario de la plaza de toros de Las Palomas. Es Miguel Poveda quien toma asiento entre tanto arte y sin que el corazón pueda estar preparado para aprender una vez más que Dios existe, que juega con nosotros através del flamenco. Todos al unísono se arrancan hacia el cielo del Campo de Gibraltar disparatando de volantes las faldas de las nubes.

El cantaor y uno mismo jamás han compartido más palabra que un saludo casual en unas circunstancias también muy casuales pero será la magia del tablao, quizá un elaborado estudio de las artes escénicas o que la provincia de Cádiz se gana con lo propio, es por alegrías de Cai, unas alegrías muy de Camarón, muy de la Bahía, con lo que Miguel nos introduce por su viaje sutil sobre los palos tradicionales. Por si la borrachera en sus inicios no bastase por sí sola, una gitana viaja, quiero decir, una señora sabia de lo suyo y de todo los demás, se presenta sin presentarse y se regala al levante suave en un caracoleo de manos, en un taconeo universal y propio, que agita las multitudes al extremo de la emoción. Señoras y señores ¿no ven que esto es una fiesta? ¿no ven que el precio de la entrada es un trámite de protocolo? En ese momento uno sabe que en la voz del maestro, el palmeo y la percusión y las guitarras, son en exclusiva para mí, que será todo guardado en una mochila que viajará a lugares remotos, que me insufla la vida que demando. Miguel Poveda es cantaor. Sobre todas las cosas.

De la seriedad emotiva de unos cantes por tientos a la seriedad de un tiempo que no se olvida y que se rescata rejuvenecida más flamenca que flamenca y actual. Miguel no puede cantar copla. La copla se recrea en el aire y en los oídos desde su boca, la transforma, la convierte en nuevos vientos que no suenan a nada conocido y que sin embargo él se empeña en reivindicar para sus originarios valedores, sus propios creadores y las voces que en femenino le dieron más vida que nadie. El maestro da una lección de humildad no fingida. Sabe las carencias de su palabra sin el compás del cuadro. Por ello, en la copla dice más que en sus propias letras cuando en la interpretación el traje para el momento se hace como la piel de un animal invertebrado que trata de explicar con su simple fisionomía la asignatura de los sentidos a un público de recién nacidos ávidos de conocimiento.

Cuando llegó Jerez, sus bulerías y Chicuelo hizo aquello por lo que es hoy quien es en el mundo de la guitarra española, aún muchos llorábamos sin querer el fin del homenaje que el joven maestro alumno, había dedicado a quien tanto debía y con quien tanto hubiera querido. Enrique Morente, desde dondequiera que esté, palmeó incesante toda la noche, orgulloso por cuanto pudo hacer por aquel muchacho que reventó el famosísimo Festival de cante de las minas en La Unión. Ya digo, las bulerías ya nunca serán igual tras haber degustado el directo de Poveda, grande también en este palo como en todos los demás. No pasó inadvertido los feos gestos propios del público del género hacia el cantaor David palomar en el sentido de difíciles comparaciones, quizá, de lo poco reprochable a los presentes.

El final no fue un final porque acabó en fiesta gitana. Si alguien salió de la plaza insatisfecho uno no puede más que lamentar muy poco conocimiento o una falta total de corazón.

Miguel Poveda es flamenco nuevo. Celebra la tradición como nadie dando el toque justo de modernidad que tantos buscan en fusiones más o menos imposibles como es el caso del ya olvidado Pitingo y su ridículo Killing me softly. Se hace más que notable que su estudio del flamenco ligado a un innato talento para el arte, llámese duende, han dado en la persona de Miguel Poveda un paso evolutivo apenas perceptible y que por ello es más original. En fin, el recital de ayer noche en la plaza de toros de Algeciras confirmó lo que tantos buenos entendidos llevan años diciendo: España tiene un payo muy gitano, joven, que mantiene el arte flamenco, patrimonio de la humanidad, en la misma línea en que fue elevado por los nombres hoy inolvidables de Camarón de La Isla y Paco de Lucía.

Otro fragmento de "No es otro puto libro de autoayuda".

Posted by Eduardo Flores | Posted in | Posted on 09:30

.......... Si hay algo que me produce auténtico terror es el tiempo. Mirar hacia atrás resulta a veces como ese tipo de sueños en el que caes por una ventana o por un acantilado y justo despiertas antes de partirte hasta el último hueso del cuerpo. Sorprenderse ante el espejo investigando sobre una incipiente cana en las patillas es igual de aterrador. Los relojes son incapaces de guardar aquello que consumen apartándote del mismo modo de las malas experiencias vividas así como de los momentos en que creíste ser feliz. El presente es una cicatriz sin embargo. Sí, de acuerdo, siempre ando culpando a la vida de esto y de lo otro pero, son las cicatrices las que han deformado mi capacidad de sentir el posible placer de la calma que pueda aparecer bajo la luz de las farolas. Y el tiempo pasa como puedas ver pasar a la gente con que te cruzas mientras caminas por la ciudad. La Tierra gira alrededor del sol y es el olvido de tu nombre entre aquellos que una vez conociste, es, la oportunidad que se deteriora lentamente mientras Dios o el Demonio ríen en la celebración de una tregua; gira sobre su eje, la Tierra, y es tu desamparo ante las agujas homicidas lo que provoca. No sé qué coño quería decir aquel que se hizo tan famoso cuando soltó que el tiempo era relativo. Ese no debía conocer mi historia ni la tuya. ¿Qué pensaría ahora –de poder hacerlo en su tumba- acerca de su sesuda afirmación? ¿Qué tipo de consuelo podría brindarnos una explicación teórica? Para la criatura de a pie lo relativo de las cosas importan bien poco cuando es el pasado lo que te abandona en tu presente para enfrentarte sin más armas que una piel malherida a un futuro que se abre como las fauces de una voraz alimaña.

.......... Recuerdo cierta noche en un recodo de mi cicatriz en que mi pequeño espermatozoide era aún más pequeño. Entré en su habitación y me lo encontré temblando de miedo. Un ruido decía haberlo despertado. Imagino que ante la imposibilidad de protegerse con la ropa de cama decidió llamarme, a mí, que se suponía que ni un ruido ni la oscuridad podían hacerme temer. Con éxito pude tranquilizarle. Una vez que se sintió seguro me preguntó “Padre ¿tú a qué tienes miedo?” ¿De qué manera puedes explicarle a un niño que lo que te hace sentir verdadero pavor es el tiempo? Quedó como una de tantas preguntas a la que no le he podido dar respuestas. Ahora es diferente. Casi siempre suele tener en la recámara su particular mentira aceptable ante cada cuestión que me plantea. No deja de sorprenderme lo desarrollado de su inteligencia a su edad. Eso me tranquiliza aunque por otro lado me inquiete saber que su pánico a la oscuridad aún persista.

.......... Pienso en las garras asesinas del tiempo mientras espero que su cara, distraída en los quehaceres del trabajo, se deje ver por el hueco de una ventana.

.......... Mi juventud no fue sino una tenebrosa borrasca es el primer verso con que Baudelaire inicia su poema “El enemigo”. Conozco de memoria cada imagen, cada recodo desapacible del vómito del poeta que no tiene reparos para matizar sin embargo, a continuación, atravesada aquí y allá por brillantes soles; Ambos versos son mi cubierta en este escondite. Mi excusa jamás explicada a nadie que tenga los cojones de juzgar mi rabiosa locura tornada en desidia. Las tinieblas que nos habitan y que se esconden tras la miradas que dedicamos sin que nadie pueda advertirlas, son tan humanas que cualquiera estaría más que justificado al querer sentirse, alguna vez, como el más vagabundo de los perros o quizá, la rata más miserable. Con brillantes soles entono una letanía casi interminable cada nueva visita, que es como si fuera una primera, en este puesto de soldado cobarde temeroso de la duración de su guardia, de los momentos inmediatamente anteriores a su acto de servicio y al fin, de su relevo, del mismo modo que Proust en Combray en el ritual que cada noche envuelve el beso de su madre. ¿Qué nos queda cuando El viento y la lluvia han hecho tal desastre/ que restan en mi jardín muy pocos frutos bermejos? ¿Renacer quizá? Tal vez todo se trate simplemente de un ejercicio de superación, aunque persistan las cicatrices coreadas por las risas del Creador y Su Majestad Infernal allá en lo desconocido. Me niego, no es cierta tal explicación por más que el poema trate de descubrir brevemente un punto de apoyo que mueva el mundo.

.......... He aquí que he llegado al otoño de las ideas, arranca Charles su segunda estrofa como si alguna vez hubiera podido imaginar otro mundo diferente al suyo y que es el mío, el nuestro, y en el que permanezco sentado, falsamente oculto, maldiciendo precisamente al otoño de las ideas, aquí donde ni siquiera soy capaz de recordar otro cuerpo desnudo de mujer diferente, donde la absenta pierde todo su milagroso mundo de jadeos, clítoris y vaginas de que fui testigo, donde vivo luchando a desgana por otro verso y que es preciso emplear palas y rastrillos ¿Para qué, Charles? Para acomodar de nuevo las tierras inundadas,/ donde el agua horada hoyos grandes como tumbas.

.......... Sólo aquí los soles brillantes permiten sus sonrisas desde álbumes de fotos que habitan en dichas tumbas y que de forma inexorable, la humedad del agua que transcurre con violencia, enmohece. Y por más que un poema –que recito de memoria en este absurdo aquelarre- me cuestione del tal modo Y ¿quién sabe si las flores nuevas con que sueño/ encontrarán en este sueño lavado como una playa/ el místico alimento que haría su vigor? Por más que Charles y yo repitamos a dúo entre la gente que pasa distraída por la calle; con el sonido de fondo del motor de los coches, sus cláxones; en el escenario que es esta ciudad y que podía haber sido cualquier otra; siempre siempre, abandonamos juntos, cada uno por su lado, con un grito mudo en la garganta, que no es más que el final de su poema ¡Oh, dolor! ¡Oh, dolor! ¡El tiempo devora la vida,/ y el oscuro Enemigo que nos roe el corazón/ con la sangre que perdemos crece y se fortifica!

No es otro puto libro de autoayuda.

Posted by Eduardo Flores | Posted in | Posted on 02:08

..........-¡Joder! ¡Qué coño se supone que estás haciendo aquí!

..........De que hay algo misterioso y mágico en los sueños no me cabe la menor duda. En mi caso la puta suerte suele brindarme su cara más horrible en lugar de favorecerme con sus gracias. Menos aún en estos momentos. Acabo de despertar y ¿a que no saben quién se encuentra sentada a los pies de mi cama con una sonrisa que sería la envidia del mismo Lucifer? No soy precisamente un hacha en esto de analizar situaciones de forma rápida y eficaz. Si a eso añadimos que prácticamente acabo de abrir los ojos digamos que todo se retuerce un pelín más. Para colmo de males ha empezado a sonar el teléfono de una forma espantosa. Buenos días me dice el mundo con su peculiar manera de tratar a sus moradores, buenos días, y ni siquiera el sol es tal en el cielo, una oscuridad propicia, un capote de desdichas se cierne sobre mis sienes vapuleadas por los acontecimientos.

..........-Ya veo que te alegras de verme, querido-. Y no, esta mujer no tiene mal ojo a la hora de medir el grado de alegría en los demás. –Me he ido de casa y mi marido anda por ahí como un desquiciado buscándome, no sabía adonde ir-. Me suelta la criatura sin descomponer en lo más mínimo su sonrisa.

...........-¿Y se te ha ocurrido a ti solita, mona, venir aquí para ahorrarle el trabajo de tener que encontrarte a ti primero para matarte y después a mí, verdad? –Le digo mientras que con las manos le hago entender con el gesto harto conocido el nivel de locura que le atribuyo a la hora de tener ideas ingeniosas.

...........Como el teléfono insiste en que salte de la cama para prestarle atención me levanto, yo y mi incipiente dolor de cabeza, y me dirijo a él con un ánimo que no es el que requiere la situación.

..........Justo antes de descolgar el auricular alguien empieza a aporrear la puerta.

..........-¡Mierda! ¡Eh, debe ser él! ¿Qué hacemos?

..........-Hoy estás que te sales, corazón-. Le respondo amargamente justo después de dedicar a quien se encuentra detrás de la línea telefónica un “no estoy” sin ni siquiera preguntar de quien se trata y colgar.

..........Mi relación con las mujeres es un asunto que se ha ido complicando con el tiempo de una manera en la que yo era el único en no darme cuenta. Sí, es algo así como lo que pasa con las drogas. Imaginemos a cualquiera que conozcamos que se haya hundido en ese lodo de la drogodependencia hasta sus últimas consecuencias. En origen, cuando el mal no existía pongamos tal vez a sus quince años o por ahí, puede que incluso dedicase su vida al deporte, cosa del todo contraria a ese mundo oscuro. Así que, un buen día, dejándose llevar por los acontecimientos decide probar el alcohol o el tabaco. Parece una gilipollez, claro está, porque ¿cuántos hacen uso de ambas drogas de un modo que podríamos considerar moderado? Sin embargo, ya digo, en esos primeros momentos en que probamos la enajenación placentera de la droga, nos encontramos descendiendo uno o dos peldaños. Supongo que en mi caso sería lo equiparable a los primeros besos inocentes -o no tan inocentes- en los que degustaba la calidez de otras lenguas jugueteando con la mía en mi propia boca. También ahí yo me encontraba descendiendo mis propios primeros escalones. Más tarde, en un más tarde muy relativo, las primeras borracheras nos sugieren que todo abandono de la realidad tiene sus consecuencias. Así mismo, las primeras caladas a un porrito de hachís o maría, con su tos irremediable y algún que otro vahído, nos advierten. El lenguaje de las advertencias y el mío se encuentran muy alejados desde siempre, también eso es parte del juego.

..........Entonces pasa que llega un momento en que empiezas a descender escalones de dos en dos y más tarde de tres en tres. Si eras un aficionado al chocolate, un asiduo fumador de canutos, pasas a sumarle alguna que otra rayita los fines de semana y de esto a refugiarte en los lavabos en cualquier momento del día para una dosis que te ponga a punto va un suspiro. Así fue de algún modo como se desarrolló mi relación con las mujeres, de igual manera fui descendiendo peldaños cada vez más deprisa. Alguien me dijo una vez que moriría por culpa de los coños, “coño que ves, coño que quieres, sigue así y no pasarás de los cuarenta”. No se podía hacer una ligera idea aquella voz de la conciencia la situación en la que ahora me veo.

.........-Métete debajo de la cama-. Le sugiero a Ladevoradora con toda la tranquilidad de que soy capaz.

..........-¿Debajo de la cama?- Sí, joder, de-ba-jo-de-la-ca-ma, ¡Ya!

.........Aunque aún no sé muy bien qué es lo que voy a hacer o decir en cuanto abra la puerta he pensado que el hecho de que Elcornudo no encuentre lo que busca aquí en mi piso puede ayudar bastante.

.........El teléfono vuelve a sonar desesperadamente. “¡Dioses, maldito cacharro hijodeputa de mierda!”

..........Descuelgo y vuelvo a colgar. Me dirijo hacia la puerta. Hago un pequeño esfuerzo en simular una cara que diga “me acabo de levantar, buenos días ¿quién es usted y qué desea?

..........Abro.

..........Imagino a alguien que ahora mismo se encuentre en su oficina desde hace media hora y de repente reciba una llamada telefónica de un familiar. Tras los saludos el familiar le pregunta “¿Qué tal el trabajo?” a lo que nuestro oficinista responde “Uf, ni te imaginas, llevo una media hora en el curro y ya llevo una mañana de perros”. Me rio de su puta mañana, de sus putos perros y en general de todo su puto árbol genealógico. Una mañana de perros es que una psicópata emocional se cuele en tu casa vestida como siempre, quiero decir, de femme fatal, con sus zapatos de tacón y todo, huyendo del marido al que acaba de abandonar por querer vivir una especie de aventura multiorgásmica contigo; que te despiertes y la encuentres sentada a los pies de tu cama –al menos no se metió en ella- y que para rematar, su marido, que tras aporrear la puerta durante un rato, en lugar de darte un mísero buenos días, te inyecte un directo en las narices nada más abrirle la puerta.

..........Es en este momento en que me encuentro dolorido y sangrando por la nariz, sentado de culo por el impacto del puño que tarde o temprano daría con mis huesos, cuando una lucidez del todo incomprensible se apodera de mí. Pero no una lucidez de esas que te bombardean de respuestas sino más bien lo contrario: una que pone delante de mí las preguntas que quizá debí hacerme hace ya algunos años. Permítanme que me guarde el secreto de las mismas.

..........El tiempo parece detenido después del golpe. Cuando todo parecía indicar que tras la primera agresión vendría una acometida brutal por este gordo cornudo, el tío se me pone a llorar desconsolado y se dirige hacia la cocina. Desde mi trozo de suelo puedo ver que se sienta en una silla y que, apoyados los codos en la mesa, se tapa la cara con las manos como queriendo recoger sus propias lágrimas. Conozco esa posición. Es una postura terrible. Quiere decir “¿Por qué?” pero no uno cualquiera sino uno en el que uno mismo no es capaz de vislumbrar cuales fueron los pasos, los caminos, que fueron a desembocar en un “¿Por qué?

..........No. No me olvido de la hija de puta de la devorahombres que permanece –y espero que siga así- bajo mi cama. Ser consciente de ello hace que me levante y entre en la cocina. Me siento enfrente del gordocornudoyabatido. Sin embargo la duda me impide que pronuncie palabra alguna. Me dirijo a la nevera y le ofrezco una cerveza, me dice que no. Me cojo una para mí, la abro y vuelve a sentarme en el mismo lugar a la espera de que algún hijodeputa lance la puñetera bomba atómica y así acabar con esto de una vez, la situación ha pasado de ser violenta en el sentido estricto de la palabra a violenta por lo incomodísimo del momento. Después de esto se supone que debería arrepentirme de todos los polvos que le he echado a la mujer de este desgraciado y sin embargo, nada de eso creo descubrir en mí en estos momentos. Es más, ni siquiera sería capaz de prometerle que no volvería a hacerlo. Al fin y al cabo se trata de un buen polvo.

..........-Hace dos años que no hago el amor con mi mujer-. Suelta ya algo más tranquilo. No respondo. No sé qué decir. Pongo una cara como de una mezcla de signo de interrogación y el nudo de la corteza de un árbol. Continúa. –Año y medio que ni siquiera dormimos juntos. Y me daba igual. Me sigue dando igual-. Su mirada ahora muestra una extraña simpatía hacia mí. –Le he sido infiel siempre que me ha sido posible pero jamás pensé en que pudiera darse cuenta. Lo ha hecho por venganza.

..........Tengo que quitarme a este tío de en medio lo antes posible. Su señora –no sé si alcanza a escuchar las palabras de su cornudo- está jodidamente debajo de mi cama, joder. Piensa, piensa.

..........-No tenía la menor idea de que estaba casada, nunca me dijo nada, yo tampoco se lo pregunte-. El camino de la mentira puede ser un buen método para ahorrarme de más violencia porque, sí que lo sabía, es más, la hijaputa siempre andaba con el cuento del cabrón de su marido, el cornudo aquí presente.

..........-Ya, bueno, no importa. Siento haberte golpeado. Espero que no me denuncies, soy abogado y trabajo para una de las firmas más importantes de la ciudad; no tendrías ninguna posibilidad-. Frialdad, ahora mucha frialdad. Me acojona.

..........-Mire, le pido disculpas, de verdad. Hagamos una cosa: Vuelva a su casa o a donde quiera, no la busque más y si por una extraña casualidad aparece por aquí le hablaré de su visita y de mi deseo de no querer saber nada más de ella ¿De acuerdo?

..........Asiente pensativo. Creo que valora si mis palabras dicen la verdad o por el contrario le miento. No obstante no parece decidido a irse sin antes dejarme encima de la mesa una tarjeta profesional con la excusa de darme su teléfono. A mí más bien me parece que refuerza su advertencia ante la posibilidad de una demanda por agresión.

..........Cierro la puerta tras su marcha con una sensación de falsa tranquilidad que se esfuma en cuanto una voz me reclama desde mi dormitorio “¡Venganza!” “¿Qué ha dicho que hago por venganza?” “Ven aquí y olvida a ese desgraciado”. Cuando llego a la habitación ella esta desnuda en mi cama. Su gesto trata de ocultar algo, tal vez enfado o algo que va aún más allá, sin embargo, en cuanto hago mi aparición por la puerta del cuarto me dedica una sonrisa. Con un dedo me sugiere que me acerque. Soy débil, casi afortunadamente débil. Me tumbo a su lado en la cama y ella corre apresurada a borrarme los labios mientras yo dejo resbalar mi mano sábana adentro hasta borrar los suyos.

Aquí y ahora II

Posted by Eduardo Flores | Posted in | Posted on 16:14

A su breve apunte tras un trago de limoncelo le contesto que lo más probable es que me tire cinco meses sin probar una gota de alcohol; a lo que ella me responde al punto con otra pregunta, o mejor dicho, dos: ¿Te vas a excusar igual con todo? ¿Tienes la necesidad de estar todo el santo día bebiendo alcohol?
Y la verdad es que tanto a una como a otra pregunta tengo la respuesta más o menos exacta. A la primera pregunta corresponde una respuesta afirmativa como el hecho mismo de que ella y yo estamos aquí, ocupando este espacio mismo compartiendo una soledad hiriente y que además refleja la realidad de que estaré cuatro meses de ley seca por pura supervivencia.
A la segunda pregunta un sí rotundo y mayúsculo. Que por qué –ella ya no está aquí leyendo lo que escribo-, porque vivo inercialmente una vida en la que no creo; porque pienso que ante el cinismo malévolo imperante en la sociedad prefiero estar anestesiado. Cosas de la vida. Dicen que una crisis universal asola el planeta. Algunos incluso añaden que parte de mis pesares –la nevera se abre sola sabe Dios por qué- se deben a esa circunstancia.
La decisión está tomada. Vuelvo al oficio del alza y del punto de mira; al estado de alerta, al desprecio por la vida humana; vuelvo a la muerte más que a la vida – se vuelve a abrir la nevera, definitivamente algo debe estar mal colocado en su interior. Aceito el arma en el lugar donde nací esperando de él me sirva de purgatorio sin Virgilios que me indiquen que camino en dirección contraria. Cosas de la vida y de la muerte.

The Wire.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , | Posted on 21:33

Decir que de un tiempo a esta parte el mundo de las series de televisión ha experimentado una revolución grata y sorprendente sería en estos momentos vertiginosos de información masiva –para lo bueno y para lo malo- redundante o quizá desfasado. Pero el cambio, sin duda, ha de ir aún más allá y que, aquellos que en otro tiempo se planteaban una carrera cinematográfica en cualquiera de sus variantes POR EL AMOR AL ARTE, ahora, sus proyectos, objetivos y fines, parecen lucir más atractivos en la solidez en que se apoyan las series. Por supuesto en España aún no se ha llegado a entender del todo este fenómeno y que, en lugar de seguir los pasos que han dado otros alcanzando el acierto, se mantiene la constante de husmear el rastro del dinero, los remakes imposibles de colocación y por qué no decirlo también, la apuesta por los efectos especiales cutres e insustanciales.

Por otro lado está, también de forma satisfactoria, el giro que este –digamos- fenómeno televisivo ha tomado en dirección a lo literario dejando quizá en mero reojo un vistazo al mercado cinematográfico del momento. Ojo, no se confundan adaptaciones literarias a la pequeña pantalla –unas con mayor acierto que otras, sin que esto tenga que ver con el éxito obtenido- con el tratamiento literario en el uso de lo visual, son cosas bien distintas y la primera no lo voy a considerar dentro de este fenómeno televisivo por ser algo que nos remonta muy atrás. En ciertas series uno puede darse el gustazo de intuir una novela total en su planteamiento, completamente al margen de los posibles índices de audiencia que decidan finalmente su continuidad o su cese. Claro, esto equivale ya de entrada a una pretendida calidad por el hecho de que existe una historia que se pretende contar y cuyos artífices harán uso de un estilo y forma concreta marcada por la misma.

Podríamos mencionar un buen número de buenas series, tomando como medida la expresión “un buen número” en comparación al índice de buenas películas estrenadas en una temporada; podríamos mencionar un buen número de series que responden a esta nueva manera de entender lo que los telespectadores de buen gusto queremos en nuestras pantallas. De entre todas ellas me detendré en una: The Wire.



No sabe uno el porqué un periodista con tendencias a la literatura de novela policiaca decide un buen día coger su dinero –también el de otros- ponerlo sobre la mesa y ponerse junto a él a escribir y dirigir una serie en la que englobar toda la realidad del entorno en que vive. Claro, no lo sabe uno pero sospecha mientras va devorando los capítulos en que ha volcado todo su proyecto. Es el caso de David Simon, periodista comprometido y vocacional en las páginas de lo que aquí en España es conocido con el título de sucesos, en este caso, de The Baltimore Sun durante más de una década, que, llegado cierto momento y de algún modo desengañado por la manera de proceder de los medios de información escritos, decide embarcarse en un proyecto literario con una clara tendencia al tema policial y por ende a lo social con “Homicide: a yearon the killing streets” obra que sirvió de inspiración al productor Barry Levinson para llevar a la pequeña pantalla “Homicide: life on the streets” merecedora de varios premios y en la que ya se cuenta con David Simon como parte indispensable del equipo de guionistas.

La consecuencia inmediatamente posterior a “Homicide: a life on the streets” es un David Simon incansable en lo que considera su proyecto personal con “The corner: a year in the life of an inner-city neighborhood” novela en la que Simon se apoya en las experiencias del policía de homicidios Ed Burns con el que entabló una relación de amistad durante su trabajo en el The Baltimore Sun y que daría el salto a la pequeña pantalla bajo el título de “The corner”. “The Wire” que corresponde al título en su traducción no literal al castellano de “Bajo escucha” es finalmente el resultado de años de trabajo y que por fin acoge en sus cinco temporadas las inquietudes del periodista-escritor-productor-guionista-director David Simon, esta vez junto a Ed Burns y un antiguo compañero de universidad llamado David Mills, contando el equipo de guionistas con los escritores George Pelecanos, Dennis Lehane, Eric Overmyer y el propio David Mills.

El contexto en el que se desarrolla la acción es la ciudad de Baltimore, Mariland; y el eje principal de toda la historia sujeta por una cantidad considerable de personajes constantes durante las cinco temporadas es la relación que mantienen la policía de la ciudad con el crimen y el narcotráfico, relación esta de la que se derivan todas las consecuencias sociales y que la serie bien sabe mostrar al ritmo de una prosa cuidada sin efectos que puedan apartar el hilo narrativo de la realidad social que contiene (Como ven el uso de términos ligados a la literatura se hacen indispensables para una buena comprensión de un mínimo análisis de la serie).




En la interpretación de los personajes Simon hace uso tanto de actores profesionales como de verdaderos ciudadanos de la ciudad que en algunos casos dan vida a sus mismos personajes reales dentro del marco de la ficción, cosa que asumo como otro de los muchos recursos inteligentes de los que se vale el director. Cada uno de estos personajes sin excepción alguna evoluciona de forma natural con el paso de los capítulos y las temporadas. Personajes humanos desarrollados de manera que aparecen marcando con sus vidas la trama en todo momento, partícipes de diálogos elaborados que se alejan del juego fácil de la ficción dentro de un todo cuya misión es hacer más creíble su transmisión de la realidad de Baltimore. Podría hacer una lista de ellos, sin embargo, dado el hecho de la importancia que tienen cada uno en la historia, el trabajo mismo, el trabajo de escribirla y en el caso del lector, leerla, se me antoja tedioso. Descúbranlo por ustedes mismos en la medida que la serie los presenta.

El argumento global de la serie se nutre de los sub-argumentos de cada una de las temporadas que recogen entorno a una docena de capítulos de unos cincuenta minutos. Cada temporada presenta un tema diferente siempre ligado al tema central y que refleja las dolencias de una sociedad en lucha continua. Los buenos, los malos, no tienen cabida en la trama. Cada personaje viene definido por sus propios matices, con sus errores y sus aciertos, todos, productos en la vida que les ha tocado vivir por las circunstancias en las que se han desarrollado sus personalidades. Así que, al enfrentarnos a la serie podemos tener la sensación de encontrarnos con una novela total más que costumbrista, realista, con un magistral tratamiento de la imagen acorde a la narración; enriquecida por unos personajes reales, reflejo de los ciudadanos de la ciudad de Baltimore; una historia de muchas historias que indaga profundamente en el ser humano y como, éste, no es más que una víctima de las circunstancias que le rodean: sus luchas, miedos, ambiciones… “The Wire” una obra magistral que despunta en el mundo de las series de televisión y que desplaza sin complejos a la producción cinematográfica en una apuesta clara por la calidad televisiva. No dejen de verla.