..........-¡Joder! ¡Qué coño se supone que estás haciendo aquí!
..........De que hay algo misterioso y mágico en los sueños no me cabe la menor duda. En mi caso la puta suerte suele brindarme su cara más horrible en lugar de favorecerme con sus gracias. Menos aún en estos momentos. Acabo de despertar y ¿a que no saben quién se encuentra sentada a los pies de mi cama con una sonrisa que sería la envidia del mismo Lucifer? No soy precisamente un hacha en esto de analizar situaciones de forma rápida y eficaz. Si a eso añadimos que prácticamente acabo de abrir los ojos digamos que todo se retuerce un pelín más. Para colmo de males ha empezado a sonar el teléfono de una forma espantosa. Buenos días me dice el mundo con su peculiar manera de tratar a sus moradores, buenos días, y ni siquiera el sol es tal en el cielo, una oscuridad propicia, un capote de desdichas se cierne sobre mis sienes vapuleadas por los acontecimientos.
..........-Ya veo que te alegras de verme, querido-. Y no, esta mujer no tiene mal ojo a la hora de medir el grado de alegría en los demás. –Me he ido de casa y mi marido anda por ahí como un desquiciado buscándome, no sabía adonde ir-. Me suelta la criatura sin descomponer en lo más mínimo su sonrisa.
...........-¿Y se te ha ocurrido a ti solita, mona, venir aquí para ahorrarle el trabajo de tener que encontrarte a ti primero para matarte y después a mí, verdad? –Le digo mientras que con las manos le hago entender con el gesto harto conocido el nivel de locura que le atribuyo a la hora de tener ideas ingeniosas.
...........Como el teléfono insiste en que salte de la cama para prestarle atención me levanto, yo y mi incipiente dolor de cabeza, y me dirijo a él con un ánimo que no es el que requiere la situación.
..........Justo antes de descolgar el auricular alguien empieza a aporrear la puerta.
..........-¡Mierda! ¡Eh, debe ser él! ¿Qué hacemos?
..........-Hoy estás que te sales, corazón-. Le respondo amargamente justo después de dedicar a quien se encuentra detrás de la línea telefónica un “no estoy” sin ni siquiera preguntar de quien se trata y colgar.
..........Mi relación con las mujeres es un asunto que se ha ido complicando con el tiempo de una manera en la que yo era el único en no darme cuenta. Sí, es algo así como lo que pasa con las drogas. Imaginemos a cualquiera que conozcamos que se haya hundido en ese lodo de la drogodependencia hasta sus últimas consecuencias. En origen, cuando el mal no existía pongamos tal vez a sus quince años o por ahí, puede que incluso dedicase su vida al deporte, cosa del todo contraria a ese mundo oscuro. Así que, un buen día, dejándose llevar por los acontecimientos decide probar el alcohol o el tabaco. Parece una gilipollez, claro está, porque ¿cuántos hacen uso de ambas drogas de un modo que podríamos considerar moderado? Sin embargo, ya digo, en esos primeros momentos en que probamos la enajenación placentera de la droga, nos encontramos descendiendo uno o dos peldaños. Supongo que en mi caso sería lo equiparable a los primeros besos inocentes -o no tan inocentes- en los que degustaba la calidez de otras lenguas jugueteando con la mía en mi propia boca. También ahí yo me encontraba descendiendo mis propios primeros escalones. Más tarde, en un más tarde muy relativo, las primeras borracheras nos sugieren que todo abandono de la realidad tiene sus consecuencias. Así mismo, las primeras caladas a un porrito de hachís o maría, con su tos irremediable y algún que otro vahído, nos advierten. El lenguaje de las advertencias y el mío se encuentran muy alejados desde siempre, también eso es parte del juego.
..........Entonces pasa que llega un momento en que empiezas a descender escalones de dos en dos y más tarde de tres en tres. Si eras un aficionado al chocolate, un asiduo fumador de canutos, pasas a sumarle alguna que otra rayita los fines de semana y de esto a refugiarte en los lavabos en cualquier momento del día para una dosis que te ponga a punto va un suspiro. Así fue de algún modo como se desarrolló mi relación con las mujeres, de igual manera fui descendiendo peldaños cada vez más deprisa. Alguien me dijo una vez que moriría por culpa de los coños, “coño que ves, coño que quieres, sigue así y no pasarás de los cuarenta”. No se podía hacer una ligera idea aquella voz de la conciencia la situación en la que ahora me veo.
.........-Métete debajo de la cama-. Le sugiero a Ladevoradora con toda la tranquilidad de que soy capaz.
..........-¿Debajo de la cama?- Sí, joder, de-ba-jo-de-la-ca-ma, ¡Ya!
.........Aunque aún no sé muy bien qué es lo que voy a hacer o decir en cuanto abra la puerta he pensado que el hecho de que Elcornudo no encuentre lo que busca aquí en mi piso puede ayudar bastante.
.........El teléfono vuelve a sonar desesperadamente. “¡Dioses, maldito cacharro hijodeputa de mierda!”
..........Descuelgo y vuelvo a colgar. Me dirijo hacia la puerta. Hago un pequeño esfuerzo en simular una cara que diga “me acabo de levantar, buenos días ¿quién es usted y qué desea?
..........Abro.
..........Imagino a alguien que ahora mismo se encuentre en su oficina desde hace media hora y de repente reciba una llamada telefónica de un familiar. Tras los saludos el familiar le pregunta “¿Qué tal el trabajo?” a lo que nuestro oficinista responde “Uf, ni te imaginas, llevo una media hora en el curro y ya llevo una mañana de perros”. Me rio de su puta mañana, de sus putos perros y en general de todo su puto árbol genealógico. Una mañana de perros es que una psicópata emocional se cuele en tu casa vestida como siempre, quiero decir, de femme fatal, con sus zapatos de tacón y todo, huyendo del marido al que acaba de abandonar por querer vivir una especie de aventura multiorgásmica contigo; que te despiertes y la encuentres sentada a los pies de tu cama –al menos no se metió en ella- y que para rematar, su marido, que tras aporrear la puerta durante un rato, en lugar de darte un mísero buenos días, te inyecte un directo en las narices nada más abrirle la puerta.
..........Es en este momento en que me encuentro dolorido y sangrando por la nariz, sentado de culo por el impacto del puño que tarde o temprano daría con mis huesos, cuando una lucidez del todo incomprensible se apodera de mí. Pero no una lucidez de esas que te bombardean de respuestas sino más bien lo contrario: una que pone delante de mí las preguntas que quizá debí hacerme hace ya algunos años. Permítanme que me guarde el secreto de las mismas.
..........El tiempo parece detenido después del golpe. Cuando todo parecía indicar que tras la primera agresión vendría una acometida brutal por este gordo cornudo, el tío se me pone a llorar desconsolado y se dirige hacia la cocina. Desde mi trozo de suelo puedo ver que se sienta en una silla y que, apoyados los codos en la mesa, se tapa la cara con las manos como queriendo recoger sus propias lágrimas. Conozco esa posición. Es una postura terrible. Quiere decir “¿Por qué?” pero no uno cualquiera sino uno en el que uno mismo no es capaz de vislumbrar cuales fueron los pasos, los caminos, que fueron a desembocar en un “¿Por qué?
..........No. No me olvido de la hija de puta de la devorahombres que permanece –y espero que siga así- bajo mi cama. Ser consciente de ello hace que me levante y entre en la cocina. Me siento enfrente del gordocornudoyabatido. Sin embargo la duda me impide que pronuncie palabra alguna. Me dirijo a la nevera y le ofrezco una cerveza, me dice que no. Me cojo una para mí, la abro y vuelve a sentarme en el mismo lugar a la espera de que algún hijodeputa lance la puñetera bomba atómica y así acabar con esto de una vez, la situación ha pasado de ser violenta en el sentido estricto de la palabra a violenta por lo incomodísimo del momento. Después de esto se supone que debería arrepentirme de todos los polvos que le he echado a la mujer de este desgraciado y sin embargo, nada de eso creo descubrir en mí en estos momentos. Es más, ni siquiera sería capaz de prometerle que no volvería a hacerlo. Al fin y al cabo se trata de un buen polvo.
..........-Hace dos años que no hago el amor con mi mujer-. Suelta ya algo más tranquilo. No respondo. No sé qué decir. Pongo una cara como de una mezcla de signo de interrogación y el nudo de la corteza de un árbol. Continúa. –Año y medio que ni siquiera dormimos juntos. Y me daba igual. Me sigue dando igual-. Su mirada ahora muestra una extraña simpatía hacia mí. –Le he sido infiel siempre que me ha sido posible pero jamás pensé en que pudiera darse cuenta. Lo ha hecho por venganza.
..........Tengo que quitarme a este tío de en medio lo antes posible. Su señora –no sé si alcanza a escuchar las palabras de su cornudo- está jodidamente debajo de mi cama, joder. Piensa, piensa.
..........-No tenía la menor idea de que estaba casada, nunca me dijo nada, yo tampoco se lo pregunte-. El camino de la mentira puede ser un buen método para ahorrarme de más violencia porque, sí que lo sabía, es más, la hijaputa siempre andaba con el cuento del cabrón de su marido, el cornudo aquí presente.
..........-Ya, bueno, no importa. Siento haberte golpeado. Espero que no me denuncies, soy abogado y trabajo para una de las firmas más importantes de la ciudad; no tendrías ninguna posibilidad-. Frialdad, ahora mucha frialdad. Me acojona.
..........-Mire, le pido disculpas, de verdad. Hagamos una cosa: Vuelva a su casa o a donde quiera, no la busque más y si por una extraña casualidad aparece por aquí le hablaré de su visita y de mi deseo de no querer saber nada más de ella ¿De acuerdo?
..........Asiente pensativo. Creo que valora si mis palabras dicen la verdad o por el contrario le miento. No obstante no parece decidido a irse sin antes dejarme encima de la mesa una tarjeta profesional con la excusa de darme su teléfono. A mí más bien me parece que refuerza su advertencia ante la posibilidad de una demanda por agresión.
..........Cierro la puerta tras su marcha con una sensación de falsa tranquilidad que se esfuma en cuanto una voz me reclama desde mi dormitorio “¡Venganza!” “¿Qué ha dicho que hago por venganza?” “Ven aquí y olvida a ese desgraciado”. Cuando llego a la habitación ella esta desnuda en mi cama. Su gesto trata de ocultar algo, tal vez enfado o algo que va aún más allá, sin embargo, en cuanto hago mi aparición por la puerta del cuarto me dedica una sonrisa. Con un dedo me sugiere que me acerque. Soy débil, casi afortunadamente débil. Me tumbo a su lado en la cama y ella corre apresurada a borrarme los labios mientras yo dejo resbalar mi mano sábana adentro hasta borrar los suyos.