De cuando quise visitarte

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , | Posted on 20:52

Quise visitarte. Me presenté
en tu morada y dije: soy yo,
este hogar que ves. Entonces
comencé mi viaje a través
de unos ojos indómitos
navegando la noche caminado el día
por venas y arterias.
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Al pasar por la boca
Fatigado de latidos me di
con un paladar sereno
de piel amelocotonada y tenue.
No me quise detener y reías.
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Seguí de pleno en mi periplo
fantasmagórico de cuevas
para dar con una fuente
en la que no se admitían monedas.
Era tu corazón, y en el intento
de abrazarlo, me golpeaste.

Sin título

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , | Posted on 7:20

Déjame ser tu poeta en esta noche
Para no ser yo, para ser en ti;
Para hacer tu voz la mía y clamar
De entre la sombra y la niebla,
Como el mío propio, tu deseo.

Cómo te llamas.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , | Posted on 3:11

La camarera luce su delantal hasta mi mesa. Los ojos muy abiertos, me mira. La miro, sin intención, de forma siniestra y con mis propios ojos, pido disculpas al techo por tanto amargor.
Inmigrante; camarera; mujer.
Me pregunto si al igual que yo piensa en la vida, envuelta en oscuras sábanas de frialdad.
Decido bautizar mi café, ya casi le hablo; ya casi le suplico su compañía antes de que su ausencia se llame Jonás o peor aún, World Trade Center. La soledad es un licor exasperante, una hoja de ruta longitudinal por el borde de un acantilado hacia ningún lugar. ¿cuál será su nombre?
Vuelve a mirarme. Yo la miro pasar, esta vez, con algo más de calma ¿se preguntará también ella mi nombre?
La ventana está abierta: un mundo, dos, universo. Percibo el olor de la sangre que bulle por las aceras. Las conversaciones a mi alrededor se parecen tanto a las de ayer pero son tan diferentes.
Le pido la cuenta: cinco euros.
-perdona: ¿cómo te llamas?

Hombre que caminas

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , | Posted on 15:10

Hay un hombre que camina, siempre solo.
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Moja el futuro sus tenues madrugadas en algún punto
Alrededor de un monstruoso lago recostado
En un lecho fangoso y…, agotadora es la arena;
Sobre ella camina un hombre siguiendo su orilla.
Mojan sus pies laxas moléculas de agua
Pacientes en el devenir pausado;
descalzos miran al cielo los dedos.
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…El hombre que soñaba con poemas…
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Siempre solo, hay un hombre que camina
Por el borde de un lago, su centro a la izquierda.
Un bosque abstraído se rebela del terreno
Al otro lado de los suspiros que nacen del origen,
Y se alimentan de la muerte que los insectos arrojan
En los domingos ociosos de los peces de ciudad.
Grita levante el bosque en su corteza
Mientras el hombre, que no desfallece, busca,
El futuro, varado, alrededor de un mar pequeño.
Sabe el hombre que llegará y hallará despierto
El pedazo tardío del presente aún humeante,
Bailando al son de los tristes ángeles caídos.
Será allí donde deje el hombre de soñar poemas,
Allí será donde deje de pensar versos el hombre.
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…Pero sólo pensaba versos…
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Pero resulta, que tenemos al hombre al filo
De una sima mojada, tan torpe. Camina
Sin mirar el misterio, sin contestar al grito
Afilado; sin adentrar al menos sus rodillas
Donde aún mora el rebufo de la existencia.
Camina siguiendo la orilla que le lleve al futuro,
¿para dejar de soñar? Para dejar de soñar ¿para vivir?

Otra vez juntos.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , | Posted on 1:30

No me pueden decir ustedes -seres invisibles, tal vez mera invención, pura fantasía- que aún no la conocen. Ella es, sencillamente, una criatura de apariencia inanimada. Una flor fósil, una esclava del sonido y de la serpiente. Juanita Desamparo, cuyo nombre hace honor a una figura poética predilecta para mí, la paradoja, vuelve a las andadas tras el desgraciado accidente de uno de sus seis vilipendiados ofidios. Pensé que sería más dura; algo así como la ex mujer que se niega a ser tocada finamente por uno, inhibiéndose de su responsabilidad de amante por orden emocional vinculante. El caso es que uno, a pesar de ser una derrota sentimental, aún sabe jugarse la boca y como no, los dedos. Así fui desterrando a la maltrecha pitón accidentada, haciendo de su sitio el de otra, más vieja pero experimentada, curtida en mil falsetas de bulerías; sí, sí, todo un lujo. Una vez el reparo materializado y mi señora luciendo nuevo look, mis pobres notas malsonantes volvieron a crepitar entre las paredes de este refugio que ya era casi un solar de la pasión. Mientras escribo estas líneas de alegría, ella, que se sienta junto a mí en el sofá, resplandece entre el aire viciado y caliente de la pesadumbre.
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Le he recitado aquel soneto que hace algunos días colgué por ahí abajito, y que le escribí pocos días antes. Sonríe cómplice, pero con el consejo en su mano, de que hombre precavido vale por dos. Habrá que hacer acopio de serpientes, habilitar un nuevo cajón.

Quedarnos dormidos.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , | Posted on 3:04

Por qué no quedarnos dormidos
Las manos bajo la almohada, la vista
Agotando luces sobre otra vista
Las muelas reposadas sin herir.
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La noche es más justa cuando se es acompañado
De ajenas bellas sinfonías con sus cuatro movimientos
Paralelos, rumbo al letargo misterioso de caer.
Todo es más triste o más alegre en la noche de unas sábanas.
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Por qué no quedarnos dormidos
Los pies entrelazados con otros
Desdeñando facturas de muerte
La boca callando, callando la boca.
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Será tal vez tributo al silencio, quizá a los sonidos
La pausa inexistente entre dos caricias y un beso
Antes de saborear penúltimos alientos agotados
Y se nos vierta el somnífero telón de lo extraño.
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Por qué no quedarnos dormidos
El pecho latiendo al colchón
Raíces de ayer, frutos que serán mañana
Tan sujetos al sueño incipiente.

El poeta hoy III

Posted by Eduardo Flores | Posted in , | Posted on 13:23

Los males de este mundo se deben en menor o mayor medida a las ideas.
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Y después de escribir esto, uno piensa: ¡vaya chaval, cómo te columpias! Sólo un instante después la figura paradójica se siente clara y firme frente a los ojos; como el torero, sabedor en el momento justo de la cogida, que en su arte la muerte es la única realidad posible.
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Me pregunto qué pensaría sobre esto nuestro último y tristemente, héroe de las Españas. Y se le puede dar tantas vueltas al asunto como tiempo se disponga para ello. Una vez más las ideas trastornadas a ideologías han vuelto a hacer de las suyas dejando como producto –palabras de la reciente esposa malherida de muerte- “dos huérfanos y una viuda”. En otro lugar de la piel de toro europea, humeante aún el cadáver de un padre y un esposo, ciertas criaturas despreciables vitorean dichos humos, mientras se condena el cobarde homicidio en la declaración de un juicio por terrorismo.
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¿no deben ser acaso las ideas, arena y limo, veredas que nos lleven a la libertad? ¿qué tipo de credencial o peso puede dar la muerte a una idea? Y retomo el inicio de esta entrada abrumado por la más estúpida de las confusiones, sin pensar tal vez que, razonar los motivos del terrorismo no lleva más que a eso, a un tipo de caos interno que imposibilita los sentidos que pudiese adoptar el pensamiento en otros temas. Súmese la impotencia y que uno, hombre de armas como aún me considero, se prestaría a la batalla de forma completamente gratuita, con el ánimo y la destreza superando al que pudiera antaño mostrar en otras.
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A todos y a cada uno de los partícipes en el último atentado de ETA: ojalá que viváis eternamente.