LAS VERDADERAS HISTORIAS DEL JARDIN DE LAS DELICIAS (Parte 1ª)

Posted by Eduardo Flores | Posted in , | Posted on 20:58

Al caso, no me vanaglorio de mis aventuras porque, bien es cierto que por más que lo intenté, a pesar de las malas lenguas, en los días de mi existencia jamás conseguí doblegar las voluntades de las dos extrañas criaturas que vinieron a joder el paraíso del que yo era dueño. Mi enemistad con el Verbo, surgió a partir de estos frustrantes sucesos.

Los días en el Edén siempre regalaban de azul los techos del paraíso. Muy en contra de lo que las bocas humanas cuentan en un incómodo futuro, Adán fue la segunda bestia que logró dominar el paso a dos patas sobre el placentero follaje del Jardín de las Delicias, único lugar conocido. A Eva la conocí, aunque de vista, mucho tiempo antes: ella vagaba de un lugar a otro, siempre ocupada con el resto de los seres, haciendo tal o cual cosa. Su cuerpo, parecía tener una belleza que tanto la vida vegetal como animal admiraba sobremanera. Acaso, pudiese ser que yo, única vida inteligente en el lugar, jamás apreciase dicha belleza. Es más, Eva, me parecía un ser de lo más tonto, prueba de ello, los largos baños de los que disfrutaba constantemente en el brazo de agua Fisón, chapoteando de allí para acá regodeándose entre carcajadas.
Podría decir que la vida en el Edén me era de lo más agradable. Eso se traduce en que nunca tuve miedo, convivíamos criaturas de toda índole, de depredadores malhumorados a flores sonrientes. Nada era víctima de nada. Cada cual vivía a su antojo, disfrutar de la vida era el destino de todas y cada una de las bestias que compartíamos ese paraíso de cielos azules, suelos de esmeralda, y aguas de nube. Tan sólo, en un par de ocasiones, recuerdo que la vida se tiñese de un ocre muy extraño: el día en que nació Adán y el día en que esos dos bípedos inconscientes osaron desafiar la muy extrema, a mi juicio, confianza que el Verbo les otorgó a ambos.

El día que el Verbo, mi jefe directo, aceptó de forma ilícita la petición viciosa de Eva de tener un semejante, una vez más la estupidez de Eva y la condescendencia de éste ante este tipo de ser, yo ya me veía venir que dicho acontecimiento tendría consecuencias terribles para nuestra comunidad. Su gestación se prolongó durante siete días a partir del momento en que el Verbo se llevó a Eva a una nube para discutir, en una lengua muy rara como habladurías de elefante, los aspectos del acuerdo al que ambos llegarían. Durante los siete días de los que hablo, a Eva se le inflamó el vientre y se le tornó a un color anaranjado de forma gradual. Pese a su mal aspecto, vomitivo en todo caso y, lo dice alguien que engulle con placer pequeñas criaturas aún vivas, Eva vivió su gestación con el ánimo suficiente para extender el tiempo de sus baños; reír a carcajadas con sus amigos: felinos, insectos, y flores; e ir a tratar del contrato en varias ocasiones más con el Verbo a su nube preferida.

Adán vio la luz rodeado de todos los seres del paraíso entre risas y frutos. Qué le iba a hacer. Como gestor del Verbo en el transcurrir de la vida en el paraíso, fui testigo de los primeros llantos del nuevo habitante. Ya, sus primeros sollozos, me dieron mala espina. Ello, quedó grabado en mi memoria como la primera vez que un animal lloraba en el Jardín de las Delicias del Verbo, y al igual, que fui testigo de los llantos de ese día, hube de serlo de los llantos en el resto de los días que lo siguieron hasta la actualidad, a lo largo y ancho de lo que hoy conocemos como planeta Tierra.

El Verbo daba claras muestras de su alegría, dobló el número de aves que surcaban los cielos en acrobacias dispares. Me comentó, que el tono ocre de las cosas era un fenómeno desconocido para él; me dijo que, el hecho del nacimiento de su Hijo era algo extraordinario, que ese sería el motivo, con explicación o sin ella, nada habría de preocuparnos. Hasta aquel día jamás había disentido de sus ideas. Más aún, porque me resultaba lo suficientemente preocupante que él, creador de todo y de todas las criaturas vivas, no tuviese la más mínima idea de porque sucedía tal fenómeno.

Nada de mi existencia ulterior a los diecisiete años siguientes al nacimiento de Adán han podido asemejarse a mi pasada vida en el Edén. Cumplió, aquel indeseable, los diecisiete primeros años de su vida rodeado, como vino al mundo, de la mayoría de las felices criaturas del paraíso. La fiesta duró todo el día y toda la noche, hasta que uno por uno, los animales fueron a sus hogares a quemar la resaca de júbilo que los había embargado durante toda la jornada. Una vez solos, Adán pidió a Eva que dieran un paseo hasta el brazo de agua Fisón para refrescar sus cuerpos. No llego a alcanzar si ya, en la disparatada cabeza del joven, se había forjado la estupidez que muy pronto nos costaría a todos el aire que respirábamos.

En el horizonte, el sol poniente les daba los buenos días con pobres rayos de luz y calor. Eva jugaba con el agua: se zambullía, iba hasta el fondo, se impulsaba con los pies y salía de súbito a la superficie asomando, la parte de su cuerpo que abarcaba desde más abajo del ombligo hasta su mojado cabello alborotado por el agua. Adán relajaba su cuerpo tumbado bocarriba sobre la lánguida superficie del río, hasta que después de varias zambullidas de Eva, decidió observarla en el momento justo cuando ella hacía su aparición desde las profundidades. La imagen de ella lo turbó sobremanera: su rostro mostraba un claro cambio de ánimo, de la necesidad de relajación a una especie de nerviosismo acalorado. Entonces sucedió, y cómo no, me pilló trágicamente allí, encaramado al dichoso árbol de la ciencia del bien y del mal, intentando alcanzar una apetitosa manzana cuya disposición llevaba ya rato fastidiando mi entusiasmo.

Apenas podía creer lo que veían mis ojos. Adán abrazaba con violencia el cuerpo de una Eva que aunque parecía confundida en un principio, después, sin saber yo muy bien por qué, se dejó llevar en ese nuevo juego que yo ignoraba por completo: en medio del silencio perjudicado por leves chapoteos, esos dos estúpidos seres se mordían con ansias los labios: él le abarcaba los senos con fuerza desde atrás mientras Eva, con su torso inclinado hacia adelante, recibía las jadeantes acometidas de aquel Adán tan desconocido para mí hasta el momento. Sus juegos, sus mordiscos, sus extrañas maneras de divertirse duraron toda la mañana. La manzana me importaba ya muy poco. Todo ese jolgorio de carne no se me antojaba nada bueno, y así vi confirmadas mis sospechas cuando, en vez de latir con fuerzas como todos los días el sol, el ambiente se hizo de un tono ocre que casi creo se podía respirar. El mismo tono ocre que se esparcía por el Jardín de las Delicias el día en que Adán llegó a la vida.

UNA SONRISA DE ROSAS

Posted by Eduardo Flores | Posted in , | Posted on 14:42

Dicen de él, las gentes del lugar de los acontecimientos, que marchó un día sin explicación alguna. Cuentan, que su estancia se prolongó dos años, tiempo en los que anduvo por las calles de la ciudad, sin un rumbo determinado. Vagabundeaba sonriendo a los niños, jugando con ellos con una alegría que ya no se llevaba por aquel entonces; que esos pequeños lo adoraban. Arrastraba su humilde figura por los parques, los jardines, los cementerios; por todas las calles y barrios.
Jamás se le conoció nombre alguno, cada cual lo llamaba de la manera que mejor le parecía que podía llamarse. Unos pensaban que tenía cara de llamarse Alberto, otros, Juan; pero realmente, nadie conoció su verdadero nombre. Además, cada vez que alguien lo llamaba por cualquier motivo, con un nombre improbablemente el suyo, siempre respondía con el único lenguaje que parecía usar: Una sonrisa de rosas.


Dicen de él, que podía pasarse las horas muertas mirando las flores, que en ese preciso y único momento podía vérsele con una pizca de tristeza en los ojos. Los vecinos de la ciudad rompían las paredes, especulaban con su vida. Hay quien dice de él, que fue profesor de una universidad muy importante de la capital y que, su gran capacidad intelectual volvió loco de remate. Se cuenta también, que su rostro era muy parecido al de un torero que hacía algunos años arrasaba en las plazas del país, que en un momento indeterminado, dejó los ruedos, para vivir en completo anonimato. Eran muchas las versiones que sobre su vida se vertieron pero que jamás se pudieron demostrar. Como es de esperar no faltaron las personas, que lo llegasen a tratar mal, fruto del desconocimiento que su presencia les imponía. Según me contó una anciana, un día en el que aquella sombra humana, andaba con los ojos en una simple maceta de la que florecían unos preciosos geranios, unos desalmados, no contentos con burlarse de él, lo empaparon con gasolina y le prendieron con el mismo fuego del infierno, obsequiando la triste figura cuyo corazón era neutral en el ir y venir de la vida, con un poco de sus miserias personales. “Sus gritos silenciaron las voces de la ciudad” acabó diciendo la anciana.


Algunos cuentan que oyeron su voz. Que siempre que se encontraba parado ante algún montón de flores, antes de irse, solía susurrar un nombre de mujer que nadie jamás recordó. Tal vez, aquella tarde que el suelo que pisaba se convirtió en una pira, declamaba ese mismo nombre femenino.


Nadie, jamás, lo vio pedir limosna alguna, según me contaron. Solía ir a misa todos los días, a una iglesia distinta cada vez; pero que en ningún momento lo vieron pedir limosna en las puertas. Tampoco nadie lo vio desempeñando trabajo alguno que pudiera sustentar su caminata continua.
Muchas mujeres me reconocieron que se trataba de un hombre atractivo, que les parecía muy raro que un hombre así no tuviera mujer. Pero al final todas coincidían en lo mismo: ¿cómo una persona tan rara iba a estar con nadie?


Sólo una persona de la ciudad me pudo contar, un hecho del que nadie más en la ciudad me pudo dar constancia. Me dijo, que el día de todos los santos, lo pudo observar durante todo el día y toda la noche, petrificado y sin poder dejar de llorar en un banco a la puerta del cementerio. También me comentó que, en su vida, no había visto tantas flores como en aquel día. Que a pesar de ser un día caracterizado porque la gente llevaba lo más nutrido de los jardines al cementerio, aquel día fue especial por la gran cantidad de hermosos ramos que se movían por las aceras. Él mismo me confesó sus propias conclusiones, atribuía la tremenda llorera del hombre de la calle, como lo llamó, por todas las flores que pudieron pasar por delante de su persona, y que por ello, su parálisis en el banco frente al cementerio.


El día en que se fue, todas las personas que me contaron historias sobre él cuentan, que una extraña sensación de vacío sintieron en su interior, y que de tal manera, adivinaron que aquel hombre sin nombre que solía jugar con los niños de la calle, se había marchado para siempre.
Hay quien dice que, ese día, alguien lo vio mirando un jardín abandonado por la mano del hombre en la estación de trenes; otros me afirmaron, que pasaron justo por su lado cuando éste se encontraba sentado en un noray del puerto, de espaldas al mar.


Quizá lo más impresionante de la historia puede ser, que todos descartaban la idea de que hubiese muerto. Simplemente se marchó, al igual que hubo un día en que llegó.

QUE MAS DA

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , , | Posted on 8:49

qué más da señora que me sigas orillando
en cada amanecer,
cada mañana
en el lado izquierdo de mi conciencia,
en el extremo dubitativo de mi almohada,
si no tienes necesidad;
si no me alumbras el incipiente día
con las estrellas
de la noche que ya pasó,
con las que soñaré
las futuras noches que vengan a poblar
las presentes soledades.

EL DESPERTAR DE EROTICA.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , , , , | Posted on 18:49



Entre espejos despierta con los soles
mi musa clandestina piel de viento
Erótica forjada en los crisoles
de la pasión templada a fuego lento.

¿por qué sola has dormido entre charoles
y olvidas el amor que por ti siento?
En cristales mi diosa dibujoles
a sus deseos todo el firmamento

de su fragancia. Frente a su figura
se mira acariciarse su contorno
disfruta masturbada sin censura.

Sus manos cosquillean el adorno.
Su interior por la breve comisura
suspira mil orgasmos sin retorno.

ENTONCES.

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , , | Posted on 13:17

qué bueno sería entonces
que te acercaras levitando
unos tres centímetros sobre las baldosas;
con una mano
acariciases la parte de mi cabeza
que da la espalda al ordenador
y que me brindases un “te amo”
transparente.

entonces yo,
giraría con torpeza mi cuerpo ajado,
miraría tus ojeras
de gata jubilada,
de madre, de esposa;
tus arrugas…

pensaría en la vejez maliciosa
que nos ha capturado sin prisas
pero sin pausas;
pensaría, en cuanto he de venerar
tus imperfecciones, que te acercan a mí,
para hacerte más humana.

entonces,
besaría tu boca, tal vez, desdentada;
me separaría unos segundos,
para decirte:
estás más hermosa que nunca
vida mía.
y te volvería a besar.

BREVE ENSAYO: ¿QUÉ ES POESÍA?

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , | Posted on 10:00

Digamos, que el mundo es y existe con todo lo que ello conlleva: el universo, que es ese desconocido medio en el que se aloja; el agua, donde incluyo los mares, océanos, lagos y ríos; la tierra que pisamos… Sobre todo esto, también es menester citar todo el despliegue de objetos, vidas animales y vegetales, y materias inertes. Para resumir, os llamo a pensar en todo aquello que es conocido por el hombre, ya sea experimentado o bien en pura teoría.

Algo destacable sería la labor de los científicos en los procedimientos de investigación , que tanto ha ayudado al ser humano, para comprender lo que sabemos que existe sobre el medio en el que nos desarrollamos como animales racionales. Y voy más allá, como seres que, no contentos con la capacidad de pensar, buscamos la esencia , origen, y finalidad de este Todo tan complejo y maravilloso que nos rodea. Sí, sin lugar a dudas, los científicos de todas las materias, desempeñan una magnífica labor por y para la humanidad. Tampoco quisiera dejar aparcado a otro tipo de científicos que no incluyo en el gremio anterior: los filósofos. La función de estos en nuestra historia ha sido determinante en el orden y organización de nuestra especie, hasta el punto de que les debamos, el que pueda, nuestro bienestar social y político. En este grupo, aunque habrá quien no esté de acuerdo conmigo, también incluiré a los teólogos.

Explicar qué es la poesía se me antoja tarea harto complicada, pero lo que sí me consta es, que tiene mucho que ver con todo lo que he hablado antes. Lo penoso del asunto trata de la exclusividad que a esta se le ha dado en los temas amorosos, cuando en la historia de la literatura queda bastante claro que dicha exclusividad es una atribución injusta. Es más, la gente más allegada de mi entorno personal ajenos al mundo de la poesía, cuando se entera de mi afición, por decirlo de alguna manera, por la poesía, se argumentan en la burla fácil y en la sorna al recitarme por ejemplo aquellos versos de “No es cierto ángel de amor…” No les culpo, mas por ello, no dejo de verlo penoso e injusto.

¿Qué hace un poeta? ¿Qué es poesía? El poeta es un transmisor. Un transmisor que usa la lengua para transmitir un mensaje y hasta ahí, ya está haciendo algo del todo común por la definición de comunicación. Entonces diremos que es un comunicante. También un científico, o un filósofo, llegados al punto es un comunicante después de haber realizado sus respectivas pesquisas. De hecho, llegados a este punto, dichos oficios coinciden en algunos casos con la poesía, en la historia y en la actualidad. El poeta y pretendo ir al grano, intuye de las cosas de una manera lúcida pero subjetiva la esencia que estas les ofrece. Por poner un ejemplo, diré que el poeta no se conforma con ver un vaso y ya está, asimilar que está ahí, que esté lleno o vacío, que sea del tipo que sea. No, eso al poeta no le basta. El poeta asume lo abstracto de ese vaso, lo intuye, dentro de sí lo descompone hasta extraer de él todas sus características, y lejos del científico que lo mostraría con argumentos puramente teóricos, transmite su esencia con el mismo subjetivismo con el que lo ha intuido, y haciendo uso de los recursos explicativos o poéticos de la palabra lo vierte al exterior. El lenguaje cotidiano no permite, en la mayoría de los casos, expresar con la suficiente claridad esa esencia de las cosas. Por esto mismo, en ocasiones, la poesía se nos presenta tan misteriosa, por lo que dista de ella al lenguaje cotidiano que se esfuerza más en reducir que en explicar. Obviamente, si leemos un poema de Góngora, nos será difícil en un principio desentrañar su mensaje, pero entendamos que en ese caso estamos tratando de otra época, cuyo lenguaje coloquial también nos sería extraño.

Ya por último, animar a todo neófito en la materia que se pasee por este medio, a que lea, en base a esto más poesía. Que no se dirija de primeras a los clásicos, que busquen en la poesía más reciente y escuchen de qué se habla; verán cómo no todo es amor sino que se abarcan todas aquellas inquietudes que mueven al ser humano, hoy por hoy.

He tratado el tema, de una forma muy generalizada por cuestiones de espacio y tiempo. Espero, en próximas publicaciones, seguir desentrañando con ustedes el oficio de la poesía, y hablar por ejemplo, de ese complejo monstruo llamado metáfora y por supuesto, adentrarnos aún más en la intuición poética.


CALLAN

Posted by Eduardo Flores | Posted in , , , | Posted on 13:32








Todos callan
¿No lo oyes?
su silencio es…, doloroso,
apenas un mínimo rumor de televisores
lo turba.


Pero tú
guarda silencio. Como ellos


para que los otros
se crean
hablando por los codos,
que no callan también
turnándose su estancia en el magnánimo cortijo.


Pero ellos también callan
cediendo la palabra,
muda a su vez,
a don Dinero:
un apuesto caballero,
que también calla
para que no se oiga


cada paso que dan
sus hormigas ruines.